Providenciales,individualistas y mesiánicos
Providenciales, individualistas y mesiánicos
Los personalismos genéticos de la derecha, que hoy expresan Lavín, Piñera y Longueira, se confrontan con nuevos intentos de institucionalizar el sector. La historia que arrastra es una de personalismos genéticos: los militantes son hombres y mujeres que sienten que no le deben nada a nadie, salvo a sus familias, y los abanderados maximizan este sentido de la independencia.
Hugo Mery
EL INDIVIDUALISMO que ha caracterizado históricamente a la derecha terminó por llegar también a la que fue, hasta ahora, una de sus orgánicas más fuertes, la UDI. Su candidato en las dos últimas elecciones presidenciales decidió actuar como notario y, certificando al mejor situado para sucederlo en la próxima lucha por La Moneda, procedió a proclamarlo. Mientras la directiva encabezada por Hernán Larraín hacía muecas por este actuar tan poco institucional, los 55 diputados de las dos bancadas opositoras lanzaban una iniciativa para darle identidad política a una Alianza que consideran meramente electoral, y apenas un marco en que se desarrollan agendas personales.
Con su gesto, Joaquín Lavín no hizo más que ensanchar el desmarcamiento de un partido al que atribuye, pese a toda la lealtad que guarda por él, cierta incapacidad para traspasar las rígidas fronteras del conservantismo. Si bien la estrategia lavinista de penetración en el mundo popular rindió frutos, su mentor pensaba que había que deslizarse al centro y las capas medias. Aunque esta tarea la cumplió en la última campaña su socio y rival, Sebastián Piñera, y él mismo llegó a decir que, a la luz de los nuevos antecedentes, no habría votado Sí en el plebiscito, tales esfuerzos se revelaron insuficientes.
Persistiendo en un progresivo “mea culpa”, Lavín reclamó un “nunca más” de la derecha, porque -según puntualizó el domingo último- los civiles que colaboraron con la obra modernizadora del régimen militar tuvieron también responsabilidad en el lado B de éste, las violaciones de los derechos humanos. Algunos consideran que el ex candidato llegó tarde y después de que la rueda de la fortuna le pasara de largo. Pero puede que su gesto no esté tan lejos de constituir una nueva jugada electoral, si se considera que no se ejecutó crudamente, sino que en el contexto de la entrega de la posta presidencial a Pablo Longueira. Éste es un dirigente muy comprometido con su partido, y a la vez imbuido de un mesianismo que lo lleva a desbordar los marcos institucionales cuando así lo cree útil para la causa. En su último período al frente de la UDI, se acercó a ciertos familiares de detenidos desaparecidos y ahora, al aceptar su proclamación por Lavín, se encontraba en medio de un paulatino copamiento de otros temas que son muy caros a la Concertación, en especial a su ala izquierda. Entre ellos, el de la concentración del poder económico. “Si yo hubiese sido Presidente -dijo, impávido-, no habría permitido la fusión del Banco Santander con el Santiago”.
Pero su desmarcamiento de los empresarios -“ellos están muy contentos con la Concertación”- corre a parejas con una estrategia de aproximación a la CUT por parte de la UDI, con Larraín la cabeza, y a los trabajadores que se movilizaron en las últimas semanas, llegando la senadora Evelyn Mathhei a darles un apoyo explícito a algunas de sus demandas, en dupla nada menos que con Guido Girardi.
Pese a que ésta última ha tratado de “tonteras” ciertas actitudes de Lavín, y pese a que el jefe partidario considera prematuras las agitaciones presidencialistas, las movidas de los cuatros personeros de la UDI parecen encajar unas con otras. Al final todos coinciden -y a Sebastián Piñera habría que incluirlo en esta lista- en que la derecha nunca será Gobierno si no sigue la receta del “aznarato” español de correrse al centro. Con este fin, Lavín procuró crear un tercer referente, y aunque éste sucumbió por muerte prematura, nada indica que no pueda reflotarse. El candidato implícito de RN está, por su parte, trabajando en esa porción de independientes que no votó por su partido en la parlamentaria, pero que lo prefirió al marcar para Presidente.
Que esta estrategia cristalice depende de los grados de confiabilidad que la ciudadanía esté dispuesta a otorgarle a partidos identificados no sólo con una dictadura, sino principalmente con los intereses de la llamada derecha económica, varios de cuyos miembros aparecen integrando simultáneamente directorios de holdings e isapres y las comisiones políticas de la UDI y RN. En la arena confrontacional, Longueira aparece concitando especiales grados de rechazo, los que él ha probado que puede revertir por lo menos en distritos populares y en la amplia circunscripción Santiago Oriente. Otro factor es la persistencia de brechas entre las políticas de la Concertación y las expectativas de su base social que la derecha pueda capitalizar.
Esta tiene que acometer también las otras tareas que les dejó José María Aznar: elaborar un proyecto nacional, organizarse eficazmente y ejercer un liderazgo fuerte. La iniciativa de los 55 diputados de la Alianza va en esa dirección y así lo entendieron finalmente los presidentes Larraín y Larraín. Pero la historia que arrastra el sector es una de personalismos genéticos: los militantes son hombres y mujeres que sienten que no le deben nada a nadie, salvo a sus familias, y los abanderados maximizan este sentido de la independencia. Por eso los líderes de hoy son el providencial Lavín, el individualista Piñera y el mesiánico Longueira.

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